01 Ago Venimos con un plan de vida
Cada uno de nosotros elegimos a nuestros padres, hermanos, el país en el que nacemos y vivimos, la cultura, la religión que practicamos o si, por el contrario, no practicamos ninguna, nuestra raza y sexo. Todo tiene una conexión con nuestro karma y la necesidad de aprender las asignaturas pendientes de nuestra alma.
La Tierra es una escuela de aprendizaje, donde cada uno de nosotros experimenta las materias inconclusas.
Tenemos que diferenciar entre dos tipos de karma, el familiar y el personal, por lo que es necesario sanar ambos. Todo es interdependiente entre sí y nos afectamos unos a otros permanentemente, sobre todo en nuestro núcleo familiar: nuestros padres, hermanos, parejas e hijos. Lógicamente también puede darse con nuestros abuelos, primos o incluso cuñados, suegros, yernos o nueras, pero lo más común es nuestro núcleo familiar más allegado. También podemos incluir dentro de este grupo a amigos, compañeros de colegio, de trabajo, un médico que nos tenga que tratar…
Por esta razón no podemos caer en el victimismo, porque, por muy duro que parezca, todas y cada una de las experiencias que vivimos, las hemos elegido nosotros, tanto las buenas como las malas. Van siempre en relación a dichos karmas anteriormente mencionados, siendo prioritario el familiar para poder sanar con más conciencia y facilidad el personal.
Todo ello va a configurar nuestra personalidad y nos va a dar una serie de aprendizajes que van a determinar qué estudiamos, nuestros amigos, parejas, trabajo, es decir, el camino que elegimos vivir y experimentar. Este conjunto de variables van a determinar nuestra tarea de vida que, a su vez, también la escogemos antes de encarnarnos en nuestro cuerpo actual. Esto cambia con cada vida que tenemos.
Por lo tanto, es necesario que se den todas estas variables para poder cumplir con nuestro plan de vida, nuestra misión.
Ésta puede ser algo muy simple, como algo más complejo: desde cuidar a tus hijos, como dedicarte a cocinar y que la gente disfrute de la maravillosa comida que haces, o como ayudar a los demás de muy diferentes maneras…
Lo importante es potenciar lo que te gusta, tu pasión, porque te va a llevar a tu misión de vida. Aunque hay ocasiones, en las que, lo que elegimos desarrollar, no es compatible con nuestra misión de vida, ya que, ya lo hemos desarrollado en vidas anteriores.
Por ejemplo, queremos ser madre, médico o músico, pero en esta vida no nos corresponde hacer ninguna de ellas, porque tenemos que experimentar otras cosas. De manera que, cuando nos empeñamos, podemos llegar a serlo (madre, médico, músico…), aunque no en nuestra mejor versión, no daríamos lo mejor de nosotros.
También puede ser que, una vez cumplido el plan de nuestra alma, sí podemos ejercer otras actividades, sin embargo, las llevaremos a cabo como una afición. Nuestro potencial siempre va a estar relacionado con lo elegido antes de encarnarnos en esta vida. Por ello, es importante dejarnos llevar por nuestro corazón y no por nuestra mente. Debido a que éste siempre va a manifestar nuestro plan de vida.
Sin embargo, la mente estará condicionada por toda la información que reciba del exterior. Por ejemplo, una persona en la que varios miembros de su familia han ejercido la medicina, se verá inclinado a continuar con la tradición familiar.